Israel en el Nuevo Orden Mundial

26/Sep/2018

Aurora- por Bryan Acuña Obando

Israel en el Nuevo Orden Mundial

En un artículo publicado en 2016 en la
página del Foro Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés), el Dr. Robert
Muggah (co fundador del Instituto Igarape) destacó que en 2030 un puñado de
países compartirían el poder en el ámbito global.
En los próximos años países como Alemania,
Japón e India podrían tener una presencia determinante en los cambios que se
generarán en el mundo. Mientras tanto, Rusia, China y Estados Unidos seguirán
siendo los gestores de políticas internacionales asociadas con paradigmas
geopolíticos de control sobre el supercontinente Eurafrasia (Europa, Asia y
África). Muggah menciona que, por un lado, parte de la transformación incluirá
el fortalecimiento y ampliación de las cuotas de poder entre los distintos
grupos que componen el Estado, por lo que mientras más homogéneo sea este menos
riesgos enfrentará en relación con la dispersión del poder concentrado en el
Gobierno.
El informe otorga un carácter especial a
las grandes ciudades, las cuales podrían funcionar con cierta independencia,
casi como una entidad paraestatal, al igual que actores no estatales podrían
hacer presión política en favor de una agenda propia.
Y en todo esto, ¿qué papel está jugando
Israel en el proceso de atomización del poder global?
El gobierno israelí está invirtiendo
simultáneamente en varios frentes y, pese a los errores que ha cometido al
estrechar relaciones solo con los conservadores estadounidenses, ha podido
entablar importantes canales de comunicación con otros actores del poder
global, como Rusia, quien se ha convertido en una fuerza determinante en Medio
Oriente.
La realidad geográfica de Israel le ha
permitido mantener una relación cercana entre Jerusalén y Moscú, al punto de
que en un evento tan delicado como el derribo de un avión ruso por sistemas de
defensa sirio (atribuido a una maniobra israelí), se han podido bajar las
tensiones y mantener el caso en careos mediáticos, no diplomáticos ni
militares.
En el caso de China, en la agenda se
encuentran megaproyectos que sin duda impactarán las relaciones, no solamente
entre Pekín y Jerusalén, sino además de cara a la resolución del conflicto con
los palestinos. Gracias al ambicioso proyecto con impacto global “Nueva Ruta de
la Seda” eventualmente los chinos podrían, por efecto del desarrollo económico,
acercar las partes y bajar los niveles de tensión.
En las relaciones bilaterales se debe
mencionar que China es el mayor exportador de productos hacia Israel, más que
cualquier otro país, incluyendo los Estados Unidos, con un total de 13.5% de
las importaciones israelíes (US$ 7.9 billones) en 2016, comparado con 12,3% de
las importaciones norteamericanas en el mismo rubro. A esto se debe agregar que
Israel es cofundador del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, el
equivalente al Banco Mundial liderado por China.
Desde 2017 ha habido una importante mejora
en las relaciones entre Israel y la India ($800 millones exportados a la India
en 2016), siendo los israelíes los segundos proveedores de armas para los
indios, después de Rusia, lo cual le abre a Israel un frente comercial, junto
con China, en respuesta a ciertos movimientos de bloqueo por parte de la Unión
Europea.
En este sentido, Israel ha encontrado un
acceso sin precedentes a los mercados asiáticos (dejando por fuera a los países
del cinturón musulmán y los del Cercano Oriente en general), donde ha logrado
mantener buenas relaciones con países como Japón, Tailandia, Birmania y
Filipinas; estos últimos no de mi agrado personal en el ámbito político.
Aunque las relaciones con Occidente siguen
siendo las más importantes —Alemania, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña,
entre otros, siguen siendo factores importantes para la política exterior de
Israel—llama la atención cómo el país ha logrado abrir tantos frentes a la vez
en materia económica, social y militar, y esto obedece a los cambios que se
están dando en el sistema de naciones.
Si se hiciera el mismo ejercicio con otros
países, vecinos de Israel, se encontrarían algunas sorpresas en cuanto a
cambios paradigmáticos o elementos novedosos en las normas comunes que han
regido las relaciones internacionales en la región como, por ejemplo, algunos
países árabes o liderazgos a lo interno que mantienen conversaciones con Israel
o donde la opinión pública ya no es tan incendiaria contra los israelíes.
Con base en este último aspecto se ha
retomado la necesidad de dialogar con los palestinos para alcanzar el fin del
conflicto, pero en el panorama de un poder tan atomizado, como el presentado
por el Dr. Muggah, y la realidad política internacional actual, se generan
dudas sobre el tipo de Estado palestino que se pueda impulsar o, lo que es más
complejo aún, con quiénes eventualmente se plantearía la negociación dado que
existe una tendencia a fraccionar el poder entre muchas vertientes internas.
En el caso palestino, ya no se trataría
solo de negociar con Hamas o con la Autoridad Nacional Palestina sino de que
internamente ellos planteen una agenda propia que sea apoyada por la mayoría de
las fuerzas políticas internas, algo que no se ha logrado en más de una década
de conflicto entre las partes.
Conforme pasa el tiempo hay menos
posibilidades de ver una luz al respecto y, por el contrario, esa atomización
del poder y los criterios podrían finalmente impulsar un ya marcado desarrollo
desigual entre las poblaciones palestinas. Así se podría gestar un esquema de
división territorial más federal, con gobiernos descentralizados peleando
constantemente a lo interno con las fuerzas que detentan el poder, y
externamente para lograr acuerdos “favorables” con los israelíes.